Carolina Fernández López doctora en Recursos Naturales del INTA analizó las variables térmicas del océano Pacífico y su directa influencia meteorológica en el noreste argentino. Aunque existe un elevado porcentaje de probabilidad sobre la llegada del fenómeno para el período 2026-2027, los especialistas llaman a la cautela respecto a su intensidad. A partir de la temporada invernal se esperan proyecciones con mayor consistencia para definir los esquemas de prevención productiva en Corrientes.

La Doctora en Recursos Naturales del INTA analizó las variables térmicas del océano Pacífico y su directa influencia meteorológica en el noreste argentino. Aunque existe un elevado porcentaje de probabilidad sobre la llegada del fenómeno para el período 2026-2027, los especialistas llaman a la cautela respecto a su intensidad. A partir de la temporada invernal se esperan proyecciones con mayor consistencia para definir los esquemas de prevención productiva en Corrientes.

Modelos históricos y la realidad del período 2026-2027

La especialista explicó que este fenómeno responde a una variación térmica entre el mar y la atmósfera en la zona central del Pacífico que altera el clima global. Al comparar el escenario actual con los históricos «súper niños» de 1982, 1997 y 2015, la ingeniera agrónoma precisó que la evolución de los indicadores marcha a un ritmo diferente. “Para esos años, ya para el trimestre marzo-abril y mayo, esta diferencia de temperatura registraba por sobre cinco décimas en la intensidad; en cambio, este 2026 todavía estamos en cero”, diferenció Fernández López.

Previsiones para el NEA y el factor de la incertidumbre

Los informes técnicos del INTA Castelar anticipan que el evento meteorológico mostrará una fase débil durante el invierno, con manifestaciones más notorias hacia el cierre del año. Si bien los centros internacionales equiparan las probabilidades entre las categorías moderado, fuerte y muy fuerte para la primavera-verano, el panorama regional aún debe consolidarse. “Actualmente atravesamos una etapa de elevada incertidumbre en los pronósticos de largo plazo”, advirtió la científica respecto a la necesidad de manejar proyecciones cautelosas.

Monitoreo clave a partir de junio

La llegada de la fase climática cuenta con un marco de previsibilidad sumamente alto para el mediano plazo en toda la región. “El Niño ya está con un 90% de probabilidad de que se manifieste en el traspaso del 2026 al 2027”, remarcó la experta, señalando la importancia de la preparación previa. No obstante, aclaró que para tener una certeza real del impacto en los sectores productivos se deberá esperar la evolución de las temperaturas del agua hacia los meses de julio, agosto y septiembre.