A un año de las elecciones presidenciales, un relevamiento de Atlas Intel y Bloomberg muestra que el 58% de los argentinos desaprueba el desempeño de Javier Milei, el 52,7% califica como mala o muy mala la gestión del Gobierno y casi la mitad cree que la economía empeorará en los próximos seis meses.

A doce meses de las elecciones presidenciales de 2027, el presidente Javier Milei enfrenta un escenario electoral cada vez más complejo. Un relevamiento de Atlas Intel y Bloomberg revela que el 58% de la población desaprueba su desempeño en la Casa Rosada, mientras que el 52,7% califica como mala o muy mala la gestión de su Gobierno. Los números reflejan un creciente malestar que se profundiza en determinados sectores de la sociedad y plantea interrogantes sobre la viabilidad de una reelección.

El estudio también arroja una proyección económica negativa: el 49% de los consultados considera que la situación financiera del país empeorará durante los próximos seis meses. Esta percepción de estancamiento o retroceso pone en jaque una de las principales promesas de campaña del mandatario, que llegó al poder con el lema de la «dolarización» y la reducción drástica del gasto público. La confianza en la ruta económica oficial muestra grietas importantes en el electorado.

El rechazo a Milei presenta perfiles demográficos claros. Entre las mujeres, la desaprobación alcanza el 65,9%, mientras que en el rango etario de 35 a 44 años trepa al 66,5%. Estos datos indican que el Presidente perdió respaldo en segmentos poblacionales clave, lo que complica cualquier estrategia electoral de cara a 2027. La brecha de género y la fuga de votantes del segmento adulto medio se convierten en desafíos estructurales para La Libertad Avanza.

Con el horizonte electoral cada vez más cerca, el Gobierno deberá revertir estas tendencias si aspira a prolongar su proyecto político. Las encuestas actuales muestran un electorado inquieto, con expectativas económicas a la baja y una imagen presidencial erosionada. Aunque falta un año para las urnas, los números actuales dibujan un mapa adverso que obliga al oficialismo a recomponer su relación con la ciudadanía antes de que sea demasiado tarde.